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Devenir bilingües: cuando las sociedades aprenden idiomas
08/May/2017 Comunidad

Para alguien que aprende una segunda lengua, el bilingüismo es la meta final, un ideal con visos de superpoder: manejarse en otro idioma como en el propio. Mientras que quienes pueden llamarse bilingües nativos -por padres migrantes, de diferentes nacionalidades o de comunidades bilingües- poseen este doble activo desde la infancia. Suerte la suya. Las ventajas de poder alternar entre dos idiomas incluyen mejores capacidades de aprendizaje, así como mayor flexibilidad y apertura a lo nuevo.

Sin embargo, no siempre las sociedades valoran y acompañan la doble pertenencia cultural, y el uso de una de las lenguas -con todo lo que conlleva- puede verse desalentado por el prejuicio. Para los países, la oportunidad de convertirse en bilingües no es cosa de todos los días.

A lo largo del continente americano se han desaprovechado varias ocasiones. Actualmente, países plurilingües como Perú o México atraviesan un lento proceso de reparación y revalorización de las lenguas indoamericanas mediante diversas políticas lingüísticas. Muy cerca está el caso de Paraguay, donde el bilingüismo castellano-guaraní continúa en proceso de implementación oficial. En Argentina, las comunidades defienden sus derechos lingüísticos; mientras que crece el interés general por los idiomas precolombinos, con cada vez más personas interesadas en visibilizarlos y aprenderlos.

Por otra parte, las voces que bajaron de los barcos contribuyeron a dar forma a la variante rioplatense del castellano, aunque no pudieron perdurar por su cuenta. El siglo XX arrancó con un 25% de italianos en la población argentina. Pero el tiempo de las grandes oleadas migratorias también lo fue de una educación que seguía un programa de unificación y construcción de identidad nacional en la que hablar un mismo idioma parecía imprescindible. Hoy, son los nietos quienes buscan aprender esas lenguas que no pudieron heredar, como forma de poner en valor sus orígenes y reconstruir lazos con el pasado.

Mirando más arriba en el mapa, Estados Unidos atraviesa uno de esos momentos clave. El número de bilingües en inglés y español crece, aún cuando la inmigración decrezca. De los casi 60 millones de latinos que, se estima, viven en el país, tres cuartas partes hablan español en sus casas. El segundo idioma más utilizado va tomando su propia forma en un crisol de diferentes comunidades hispanohablantes. Sin embargo, esa situación podría cambiar, si no se fomenta la puesta en valor del español, particularmente en las escuelas. Mientras que el inglés continuará siendo una herramienta de integración para los inmigrantes, la educación bilingüe ayudaría a que el español no se perdiera entre las nuevas generaciones de latinos.

La discusión sobre la educación bilingüe representa muy bien la brecha que divide a la sociedad norteamericana, con nueva fuerza desde las últimas elecciones. El movimiento English-only ha regresado, con su histórico pedido de oficializar el inglés. Quienes se le oponen, defienden el espíritu de diversidad y libertad de un país en el que se hablan hasta 300 lenguas. Mientras, muchos angloparlantes eligen aprender español como decisión estratégica, pero también como una toma de posición.

En un mundo globalizado, existe una nueva razón para aprender un idioma: construir sociedades multiculturales y plurilingües. Para las personas y para los países, devenir bilingües puede significar recuperar parte de una identidad, así como la oportunidad de ejercer la inclusión en el presente.

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