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El lenguaje de Internet
12/May/2017 Comunidad

Hablamos de Internet como de un espacio metafórico, solapado con nuestra vida cotidiana y a la vez fuera de ella. Este lugar tiene su propio lenguaje y un idioma favorito: el inglés. Aquí se escribe y se lee diferente. A la vez, la comunicación en la red es tan significativa que está cambiando cómo se escribe, se lee y se habla en general.

Las redes sociales apuntan a la interacción por sobre todo. Twitter pide síntesis. Los signos de puntuación son un recurso más que una regla. Un hashtag puede dar todo el contexto necesario. Las palabras conviven con imágenes de igual a igual. Para más información, existe el hipervínculo.

Aún la escritura profesional, digital o no, se ha contagiado del tono casual de las redes. El estilo de blogs, revistas digitales y sitios de noticias acusa una tendencia a la informalidad, hacia un tono familiar y despreocupado. La gramática se ha vuelto, como mínimo, creativa; los registros son múltiples. Sobre todo, la tendencia es parecer simple. Lo que no quita que, detrás de esta intención, pueda haber complejidad, investigación y un calculado intento de escribir como se habla. Algunas notas digitales son como looks descuidados: suponen horas de trabajo para parecer desarreglados.

La informalidad del lenguaje de Internet implica una constante creación de nuevos términos, un auténtico laboratorio de neologismos. Imaginamos su territorio más como la calle de una ciudad cosmopolita que como un auditorio colmado de académicos. Algunas de estas palabras permanecen, trascienden a la vida real (?) y su etimología tendrá que rastrearse en la red. En español, como en otros idiomas diferentes al inglés, traducir sus términos suena pesado e innecesario: una autofoto nunca será una selfie. Sin embargo, algunos neologismos surgen justamente de castellanizar palabras inglesas de uso frecuente, como cuando “baneamos” a alguien de un grupo.

Para saber de qué se está hablando y poder participar en la conversación, es necesario estar al día, poetizar en emojis o conocer el último meme, a riesgo de perderse en las referencias o bromas internas de un barrio de dimensiones globales. Aún en el artículo más serio puede saltarnos a la cara un acrónimo que desconocemos. Siempre podemos googlear, o mandar a goglear a otros con un GIF.

Pero los cambios lingüísticos que se producen en el ciberespacio van más allá del estilo o de la jerga de sus múltiples tribus, afectan a la misma estructura del idioma, especialmente del inglés. Por su predominio como mascarón de proa de la globalización, lengua de la tecnología y de la utopía democrática -o distopía de la asimilación- se trata de un idioma aspiracional: hay que saber inglés. Sin embargo, por su mismo estatuto de lengua franca, no está exenta de cruces y transformaciones. Existe, por ejemplo, el Hinglish, una mezcla de hindi e inglés que floreció en Internet. Su uso está tan extendido que las compañías de teléfono de la India y las misiones diplomáticas lo tienen en cuenta.

En territorios virtuales, no sólo es necesario manejar más de un idioma, sino también apropiárselo, participar de lo global desde lo local. Aunque sigamos nombrándolo como un país aparte -allá en la nube-, es indiscutible la presencia de Internet en las realidades particulares de cada punto de la inmensa red. Hablar el lenguaje de Internet significa tomarle el tono, participar en su juego y contribuir al cambio constante.

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